Introducción al Ritmo de The Clash
Luego de introducir mi puño y compañia completo en el intestino de una prostituta tailandesa, extraje una tarjeta de bordes redondeados y color hueso, que decía: "Ewan McGregor es Ethan Hawke".
Me retiré envuelto en llamas, agotado y algo encorvado. Ciego por la luz azul. Perplejo de Dioses paganos. Ya no me dedicaría a la pintura, ahora sería un cronista de guerras. Declaradas y no. Urbanas, campesinas, entre narcos, entre hermanos, entre piernas. Fui directo al aeropuerto. Compré mi pasaje con regreso abierto y esperé el horario para el check in. Las dudas desaparecieron, ya tendría tiempo para especulaciones menores y planteos morales mayores. En el vuelo conocí a la que no iba a ser mi esposa. Era todo risas y cumplidos hasta que el aterrizaje fue algo complejo. Estábamos en lo mejor del amor, cuando las turbulencias impidieron el cénit del goce. Mientras los demás vomitaban el pollo seco y las pastas pasadas de cocción, yo intentaba cerrar mi bragueta y evitar que mi miembro siguiera danzando al ritmo del bamboleo de la aeronave y a la vista del resto del asqueroso pasaje.
Ya en Uruguay decidí enterrar el tesoro que había descubierto en Shanghái. Entre peleas clandestinas y juegos de azar idem reconocí un lugar único en el mundo. Por lo menos para mí. La casa de tres niveles, con nueve Budas semiobesos, que estaba fija en mi mente desde que mi abuelo me había hecho memorizar la foto. El, muchos años atrás tuvo que recurrir al engaño, al fraude, a la estafa. Pero por un muy buen motivo: hacerse rico. Robó una antiguedad tibetana, una gloria religiosa, tan antigua como suprema estéticamente. Una obra de arte pre dinastía Liang, tan poderosa como maldita. El viejo sabía de todo. Era una roca con cerebro. Boxeaba por dinero y diversión. Por ser Hemingway y Scott Fitzgerald al mismo tiempo. Bueno...mas Hemingway que Fitzgerald, y a veces solo John Dos Passos. Era alto, complexión atlética, pelo anticipadamente cano, estilo europeo clásico, parco, decidido, hablaba dos idiomas aceptablemente, incluyendo el nativo, obvio, pero sumaba otro par con nivel para hacerse entender en un aeropuerto o en un prostíbulo. Se había casado cinco veces, al mismo tiempo...en diferentes países, lo cual lo hacía un polígamo, pero a la distancia, en aquella época pre comunicaciones instantáneas era algo así como un monógamo en secuencias. Un hombre fiel en capítulos. Mas allá de todo eso, era un ladrón de arte. De los buenos, no un top, pero del segundo pelotón. Se hacía de objetos con valor de algunos miles de dólares, fáciles de hacer circular en el mercado negro de la época, ubicables en casas de ricos, a través de contactos ágiles de palabras y flojos de papeles. Soy su nieto, no soy el, no tengo ese "toque", tengo la ambición, pero no me gusta la cárcel. No niego que adoro el riesgo, la adrenalina y toda esa basura novelesca, pero tampoco es tan excitante como para comerme un encierro y que me quieran coger unos monos ignorantes. Nunca caí preso. Si tuve que huir en un par de ocasiones en las cuales me excedí por codicia y mala evaluación de la seguridad circundante. Nada grave. Aceleré y salí a tiempo. Qué es lo determinante? Tener siempre el mejor auto posible. Nadie llega a algo en la vida sin la combinación precisa de potencia y velocidad. En los negocios, en la profesión, en los deportes, en el sexo.
Cruzaré el río y venderé unos bonos en la Bolsa de Buenos Aires, una vez que me haga de efectivo volveré al punto de inicio para afinar unos detalles. Tengo que aceitar la relación con los dealers de arte, y eso se consigue con alcohol caro y mujeres aún mas caras. Si logro hacer todo a tiempo, puedo estar en Bogotá en un par de días, entrando con mi pasaporte italiano, bajo perfil y empezando a tocar los primeros compases de la melodía del dinero. Que surja en la charla, como al pasar, lo complicado que fue conseguir el objeto, pero sin parecer apresurado por vender, dando la impresión que hacen fila para llevárselo. Y algo así es lo que pasa en realidad. Cúal es el problema? Pasarlo por 7 fronteras sin tener que dejar en cada una toda la ganancia. Dinero. No todo es por dinero. O casi. Quiero financiar mis viajes a través de los conflictos bélicos. Necesito equipo fotográfico de primera y algún lugar propio como base en Europa. Tengo algo ahorrado en Delaware, bajo el nombre de una empresa dormida por ahora. Su objeto social es la realización de eventos y comercialización de equipos de sonido e iluminación. Algo voy a hacer con eso cuando regrese de París. Primero, hay que abrir el juego en Colombia, recuperar el objeto en Colonia y después a Europa a contar plata. Así empezó este camino. Conseguí mi primer trabajo en el Seven Stars de Turks y Caicos, gracias a mi bronceado y mis rulos. Empecé lavando copas, luego acompañé a los guías, mas tarde en la recepción y de ahí a Belo Horizonte, a las oficinas de bienes raíces de una brasileña de 38 años que conocí en el lobby del hotel. Me hizo su principal agente y dispuesto amante. Todo por el mismo precio. Pero un buen precio. Tanto así que me permitió girar mis primeros dólares a Antigua y Barbuda. Cuando la luna de miel terminó, también lo hizo la posición de privilegio, y con un simple bolso Adidas me fui a Saint John a invertir los ahorros en una cabaña simple, que habité un par de meses y luego dejé para que la rentaran. Aún la poseo y continúa generandomé una pequeña ganancia. Como dicen los argentinos: todo suma.
Entré en el Ganache de Mercado Ferrando. - Mozo! Café con chocolate en jarrito, por favor.

Es una novela ...segui
ResponderBorrarCierto, sigue la historia. Es un capítulo.
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