Aquellos contactos que pertenecían al círculo del Dulce Dave, y que financiaron mi viaje a Ucrania, decidieron que les transmitiera, en tierras menos hostiles, la información que recogí entre batallas. Nos reunimos en Estambul, en el restaurante de la torre bizantina Galata Kulesi, a escasos 500 metros de la sinagoga Askenazí. Yo estaba todavía dolorido en el lado izquierdo del torso, por unas esquirlas que atravesaron el chaleco antibalas. Me golpearon, pero no llegaron a producir una herida profunda. Sin embargo me fisuraron una costilla. Tenía una faja bajo mi camisa, pero disimulaba bastante la incomodidad que me causaba. No era lo único que me generaba molestias. Antes de viajar a Ucrania, me implantaron un microchip a la altura del omoplato derecho, con tecnología de BGC3, una empresa de Bill Gates, que permtiría leer en tiempo real, las ondas cerebrales en circunstancias de strees bajo fuego. A los soldados a los que me acerqué, bajo el pretexto de entrevistarlos, les habían inoculado, sin que ellos lo supieran, microchips, que vía torrente sanguíneo, se alojarían en el lóbulo frontal. Realmente me sentí doblemente incómodo. Por llevar esa basura en mi cuerpo, y por estar frente a jóvenes que sabía que no iban a sobrevivir a la prueba de laboratorio a distancia. El microchip, en pocos meses, generaría un extraño tumor inoperable, y en las autopsias, sería extraido para estudiar el posible desarrollo de una especie única: Células autónomas con IA, con capacidad para ingresar en otros organismos y colonizarlos. Más no supe. Igual, el malestar en mi pecho era conocido. Conflicto moral. Mi ambición por vivir experiencias fuera de lo común, me volvió miserable. Estar, observar, comer información, aturdirme de conflictos ajenos. Todo por la oscura pretensión de saber más. Saber de cerca. Próximo al olor a muerte. A desesperación. Husmear la angustia del otro. Pero no para ayudar, sólo para contarlo con barroca prosa. Coleccionando imágenes de rostros desencajados, corriendo para escapar de lo inevitable. Y esos retratos contruyeron mi fama. Si, la fama de un miserable. Más miserable que Heminguay, burlándose de Scott Fiztgerald. Y luego mostrando su torso desnudo con cicatrices de la Guerra Civil Española. Y para qué? Para dispararse en la cabeza rota de alcohol y remordimientos. No quiero ese final. Quiero contar la verdad de esta vida desprolija. Quiero decirles a los lectores que yo estaba vacío del alma para arriba. Y que me rendí. Me acosté a morir de fatiga existencial. Y sin tiempo y espacio definido, desperté atado al vivir. Mucho, pero mucho más tarde, descubrí que tenía marcado en el pecho, con un hierro al rojo, como si fuera parte del ganado, el número 67, al costado de mi caótico corazón.
Dos caballeros se presentaron. El primero-Craig Cogut- aseguró ser uno de los abogados del billonario Tony Ressler, de Apollo Global Managment. El más robusto dijo llamarse Meyer de Alexander, descendiente de una de las familias más antiguas del Kanato de Khazaria-algo así como del siglo XVI-paganos adoradores de Saturno, operadores financieros del Vaticano y sus controladores venecianos.
Ambos son representantes del Proyecto del Nuevo Khazaria. Son judíos askenazi que propugnan por el nacimiento de la República Socialista Soviética Judía de Crimea. Eran los compradores de la tecnología de Gates, para resolver de una vez y para siempre su guerra contra los usurpadores desde 1552, cuando el Zar Khan Iván El Terrible, aplastó la rebelión en Khazan, antes de comenzar la Guerra Livonia.
Solía absorver toda la data que podía, sea cual fuere, sin tamizar hasta que pasaban años, y me volvía meticuloso para archivarla en esa vieja habitación, que alguna vez les conté, arriba, en el altillo del cerebelo, donde John Malkovich saborea sus "chs". Pero las tormentas de guerras, golpes de estado, catástrofes climáticas, deformidades por consumo de drogas, tormentos varios y periodismo balbuceante, me hicieron trastabillar. Y ahora fagocito algoritmos, como cualquier pasajero de subte, masticando un chicle absurdo, con gusto a falsos latinos como Cortázar o García Márquez. Maldigo el segundo en el que me transportaron desde mi amada Iluminación, a esta Era de grasienta cultura de culos y mendigos de afecto.
Porque nosotros pertenecemos a las generaciones aturdidas por la aceleración de la dinámica de la historia. Aquellos que nacimos posteriormente a la Revolución Industrial, ya no tuvimos oportunidad de evaluar los cambios con tiempo para reflexionar. La tecnología pisoteó cada debate que surgía, con uno más vigoroso todavía, siendo de tal magnitud el océano de modificaciones e información, que cada palabra que lográbamos incorporar a nuestro vocabulario, moría al día siguiente, a manos de la materia de análisis nueva. Ya no podemos asir un sólo concepto para validar nuestras hipótesis, que es devorado inmediatamente por un dragón infame, insatisfecho de progreso.
Nuestra mayor virtud es nuestra mayor desgracia como especie. Esa enorme capacidad de adaptación de la raza humana a todo tipo de cambios, así como impulsa el desarrollo de nuevas habilidades y talentos, también es utilizada por las elites para sumergir a cualquier población en guerras y pestes, y esperar que lo resuelvan mientras ellos cuentan las ganancias. Ya no soporto ese container de información. No quiero repensar el concepto vida. No me ofrezcan más data. Porque sólo me provoca abortos de neuronas aturdidas. Yo estaba hace siglos simplemente como Gabriel. Más tarde, en medio de un divorcio de socios, de El Noveno Círculo S.A., El Dios Diablo y El Diablo Dios, me obligaban a transmitirles los mensajes de uno al otro. Hoy ya no cargaré mensajes qodyfyqados. Quiero disfrutar del bosque de neón rojoazul.
Esa dependencia del mundo Sajón está representada en el rojo y el azul de sus pabellones, que en realidad es la tensión eterna entre los océanos y el magma en el centro de la Tierra. Detrás de la aturdida opción del universo bipolar, me planteo otra visión. El Dragón Rojo es el todo, y se alimentó de las ideas de Mao. La armonía Taoísta está representada por el azul. La Masonería Anglo Escocesa respeta el mundo de la China espiritual. No hay respeto por la indolente Latinoamérca. Porque no tenemos leyendas. No poseemos una Excálibur para encontrar. No hay un Arturo con el brazo firme para liberarla. Ni Mayas ni Incas nos representan. Ni los Pizarro, ni los Almagro. Nos quedamos sin la Quimera del Plata. La entregamos a los satánicos de la Pérfida Albión.
Videodrome
Nunca, jamás había utilizado los servicios de un ayudante para liquidar a un indeseable. Pero esa vez, mostré flaquezas. Le pedí a un mexicano que le hacía las veces de sicario al Dulce Dave, que me guardara en el freezer horizontal de mi departamento, el cadáver del último paquetito que me encargaron. Eso fue la mañana del 31 de diciembre. A la tarde, quería tener todo listo, porque a la noche iba a recibir el año en Venice Beach con una bodybuilder danesa que alquilaba una habitación en el Gold´s Gym. Ya tenía elegido el desarmadero donde me limpiarían al muertito. Cuando lo fui a buscar, gran sorpresa, no estaba. Llamé al mexicano y le pregunté que había hecho.
- Lo puse en el lavarropas grande- me contesto.
- Qué? Por qué hiciste eso?
- Porque calzaba justo y me quedó cómodo.
- Pero... por qué no lo pasaste al freezer antes de que yo llegara?
- Porque le faltaba un ciclo de enjuague.
And last...lo tuve que sacrificar. Y si. El mexicano actuó con impericia e indolencia. Ambas no las excuso. Lo despaché al viejo estilo. Lo llamé para que me ayudara a ajustar la mezcladora de la ducha y lo dormí con un seco golpe de llave francesa- que además me sirvió para ajustar la mezcladora- y después lo tiré en la tina llena de ácido. Lo sé. Un garrón, diría la tribuna. Pero lo complejo fue explicarle la baja al Dulce Dave.
- Que se joda- fue todo su comentario-.
Bien, parece que no lo tenía en alta estima. Continuemos con la vida como la llevabámos. Al día siguiente recuperé una bandera argentina, que estuvo ondeando en Malvinas en el 82´. Se la quité al cadáver que hasta hacía instantes era un inglés arrogante, que estuvo vociferando estupideces sobre la Guerra del Atlántico Sur y el hundimiento del Belgrano. Mi opinión sobre ese conflicto, me la reservo delante de los demás. Fue una trampa. Y caímos como siempre. Pero ahora no quiero hablar de eso. Soy medio argentino y medio nada. No me molestan los ingleses o los alemanes o los rusos. Me molestan todos los idiotas. Es momento de eliminar el cuerpo del inglés en la tina de su baño, con el ácido correspondiente y ocultar la bandera en un tubo de arquitecto que encontré en la sala de trabajo del muerto. Es el instante ideal para tomar una NZT, y viajar al exoplaneta 667, para observar desde muy arriba las palpitaciones de la humanidad a punto de colapsar.
La lucha entre mi espíritu y mi alma es eterna. No yo. Esas batallas lo son. Mi espíritu es rojo. El espíritu es la cadena de fantasmas hasta el inicio de mi familia. Uno por uno, cargando con el tedio y la fatalidad de la existencia. Sus gritos en las cavernas y en los campos de la gloria. Mi alma es azul. El alma es la suma de los conflictos y abismos del día a día de mi tiempo en el mundo de los humanos. Es la herida propia. Del nacimiento hasta la muerte, el alma es un diario que se escribe con los impulsos y los desasociegos, con los latidos y las lágrimas internas. Mi rojo golpea a mi azul. Mi azul insulta a mi rojo. Toda esa tensión me mantiene rígido y sometido. Me veo vivir. No puedo lanzarme espontáneamente a la vida. Me ahogo. El rojo quiere que cometa hechos de sangre. El azul desea que me eleve para salvar vidas. El rojo dibuja una táctica rústica para someter a los demás. Me susurra que el dolor ajeno es el alimento base de la inteligencia. El azul me promete eliminar el dolor, si entrego el egoismo del yo primario, para asistir a un par en desgracia.
La salida del universo de angustia existencial es la macabra imaginación. Ser de una pieza todo lo truculento que deseas ser. Si el mundo no escuchó tus advertencias, deberá pagar el precio. Hoy es noche de fiesta de coágulos y fiebres. Conduje por la interestatal 5 hasta un desvío a la 101 y de ahí, la salida a Carmel, donde un estrecho camino de terracería me depositó en una vieja propiedad, muy cerca de la finca de los Eastwood.
Del baúl del Corvette, saqué al prófugo. Lo tenía atado y amordazado con precintos y un trapo en la boca. Le agregué un alambre de acero de un milímetro alrededor del cuello, con el que lo controlaba desde un extremo, con un soporte de madera, que me permitía ajustarlo y causarle asfixia. Lo llevé casi líbido, hasta el bebedero de los bueyes. Como está vacío desde que no se crían animales, le até las piernas abiertas a los extremos, la cabeza hacia abajo, casi entre sus bolas, las manos al palenque. Le bajé los pantalones y el calzoncillo. Lo unté con melaza, desde la nuca hasta las pantorrillas. Volví hacia el auto, y puse mi cd de los Stones, con Jiving Sister Fanny, sonando para todo el universo. Comencé a danzar el baile del pollo-pero con un ligero toque cherokee- alrededor del infeliz. Mientras esperaba, que se acumularan las termitas en un recipiente que encontré en el granero, sumé a mis herramientas, un tubo largo de acero templado, que recorté con soplete, para dejarlo de un metro más o menos. Se lo enterré en el ano, luego de untarlo en el interior con melaza, y descargué las termitas, para que recorrieran el túnel hasta el culo del pederasta fugado de Argentina. Gritaba tanto, que decidí volver a poner al infinito mi tema preferido. Me serví un café recargado de chocolate, crema y vainilla, con un toque de whisky de alambique. Añadí dos NZT, y al rato creo que me dormí, mientras las termitas comían melaza e intestinos a gusto.
A la mañana siguiente, me desperté con un baldazo de agua helada, que Tea me arrojó sin preliminares. Cuando giré para ver al violador, ella se había encargado de terminar el trabajo, guillotinando su estúpida cabeza, con el hacha que Clint le había regalado en el verano del 68´.









"La salida del universo de angustia existencial es la macabra imaginación".
ResponderBorrarEntre lo que soy sin serlo. Entre lo que provoca la realidad en la imaginación. Al fin¿es real?
Vivencias de la "inpertérrita" realidad. Dependerá de tu ser, de estar-ahí.
Living...dreaming ... Alucinating... Drowning in desperation
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